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josma

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CAMPESTRE
Oh, niña, mi niña que vives sola
repartiendo cariño
y tú te hallas desdichada y soltera
Mi niña, oh, mi niña perdida entre gente,
esperando tu príncipe o tu princesa
mientras vives en sombría soledad

Déjame ser tu hombre

déjame que escuche tu desdicha,
déjame que desarme tu falsedad
Que todo ese sueño de cielos de amor
son hojas al viento
que tiraste para pedir auxilio a las hadas

Oh, mi niña, juguetona y variable,
tiremos todas esas esperanzas,
dejémoslas volar y amémonos
con solidez y desconfianza
de ese mundo no sabido, tan lejano como austero

Qué saben ellos de tu infierno y de mi valor,
tierna, cruel y necesitada, y sobre todo bella hija

Deja que intuyamos juntos
las raíces del mundo, feas,
sólidas y grandes,
y que veamos nuestros toscos pies tras correr por el barro,
y riámonos también de esas bellezas supérfluas
que juegan solo con las flores del día y los fugaces rayos
y que huyen cuando nos ven.

( II )

Ven, miremos cómo las abejas construyen
su colmena y como las hormigas llevan el grano

Desvalida alma cuando buscas gracia,
he aquí el regalo que yo te doy.

La madera ha de estar seca para que arda bien,
escribamos un poema,
y cada vez que lo leas recordarás esta tarde hermosa,
hermosa por tus manos, hermosa por tu risa, hermosa
por la música de la naturaleza que llegaba a nuestros
oídos
y olvida esos cuentos de promesas divinas
y de príncipes encantados

Ambos sabemos que el cocodrilo llora
y que las mariposas se arrastran por el suelo,
y que la sensual danza de la reina abeja
termina con un festín para las hormigas.
El sol es hermoso hoy,
grande y generoso
Construyamos su belleza
cerrando nuestros labios
ya que nada viene dado
y, más tarde, hallemos juntos
sentido en la muerte de aquella avispa,
que casi te hizo llorar.

( III )

La noche ha llegado ya
Mira como su manto azul cubre
poco a poco los cielos

Los supersticiosos hombres ya se recogen
y preparan sus cruces y plegarias,
temerosos de la muerte

Ambos caminamos juntos entre las cañas
y, perdiéndonos en la negrura,
jugamos a encontrarnos de nuevo.
Yo, con los ojos cerrados, al fín sé,
tras horas de caminar a tientas, que tú eres mi mujer.

josma

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